La producción industrial mundial creció 3,2% durante el tercer trimestre de 2018 con respecto al mismo periodo de 2017.

Tomás Canosa Jefe del Departamento PyMI, Desarrollo Regional y Transporte en Unión Industrial Argentina (UIA)

En Estados Unidos, China y los países de la Unión Europea las cifras fueron superiores. Lo mismo en Brasil, México, Chile, Colombia y Perú.

A contramano de esta tendencia, la actividad industrial en Argentina muestra señales preocupantes: desde el bienio 2010/2011 no se registran dos años consecutivos de crecimiento.  Y aún peor: 2018 cerrará con una caída cercana al 2,5%.

La actualidad —y sobre todo su proyección a futuro— requiere que encontremos nuevas estrategias para recuperar la dinámica industrial.

El mundo está transitando la Cuarta Revolución Industrial, un conjunto de disrupciones tecnológicas que ponen al sector industrial nuevamente en el centro de la escena como propulsor del desarrollo de los países.

Las economías más avanzadas invierten activamente en Investigación y Desarrollo (I+D) e impulsan programas para potenciar la producción industrial y la creación de tecnología: “Made in China 2025”, “Industry 4.0” (Alemania), “Impresa 4.0” (Italia) son iniciativas con resultados auspiciosos.

En escalas más reducidas, los ejemplos del País Vasco y Cataluña muestran cómo se pueden promover también regionalmente políticas estratégicas para avanzar en la competencia por la creación de tecnología.

En Argentina por el momento no tenemos algo similar.

Con ese diagnóstico, en la UIA trabajamos en forma articulada con todas las cámaras sectoriales y regionales de nuestra red para generar propuestas integrales que permitan enfrentar esta delicada coyuntura y, al mismo tiempo, ser protagonistas de los cambios que están sucediendo con el advenimiento de la Industria 4.0.

Las propuestas de la UIA están divididas en 6 ejes:

  • Financiamiento
  • Ley PyME
  • Tributario
  • Potenciación Mercado Interno,
  • Internacionalización-Exportaciones
  • Costo Energético

Medidas imprescindibles

El financiamiento es uno de los puentes fundamentales para vincular corto con largo plazo, y para que el sistema productivo alcance un proceso sostenido de crecimiento.

Argentina ocupa el puesto 47 en el Índice de Desarrollo Humano.

En esperanza de vida, escolaridad y PBI per cápita estamos por encima de Uruguay, Costa Rica, Rusia, Malasia y Brasil.

Sin embargo, nuestro sistema financiero es más chico que el de 144 países.

El acceso al crédito en relación al tamaño de la economía no sólo es mayor en Noruega, Corea del Sur y Holanda: también hay más crédito al sector privado en términos relativos en Omán, Namibia y Guyana, países que se encuentran debajo de Argentina en el Índice de Desarrollo Humano.

El crédito al sector privado no financiero representa en Argentina el 16% del PBI y a las PyMEs se les presta el equivalente al 3% del PBI.

Una de las propuestas de la UIA para potenciar el crédito PyME es retomar la línea de crédito productivo impulsada por el Banco Central (que tenía una tasa de entre 17% y 22%).

En 2017 esa línea significó uno de cada dos pesos que se les prestaron a las PyMEs.

La realidad actual es bien diferente. Según las últimas estadísticas del Banco Central, la tasa de adelanto de cuenta corriente para las PyMEs estaba por encima del 73%.

El principal riesgo de este esquema es la asfixia a la producción y una mayor contracción de la economía.

A esto se suman algunas prácticas del sistema financiero que complican los procesos que enfrentan las empresas a la hora de tomar financiamiento: burocracia, excesivos requerimientos, pedidos de reciprocidad, demoras para analizar las carpetas y monetarizar, y una estrategia que favorece el otorgamiento del crédito al consumo.

Según un estudio que hicimos en la UIA en conjunto con el BICE y el BID, 3 de cada 4 empresarios PyMEs dedican parte importante de su tiempo a los trámites para acceder al crédito.

Ese tiempo debería estar puesto en sus actividades productivas, en la innovación: el estrés financiero corre el foco de lo que deberían ser los principales desafíos del sector productivo.

Resolver esta obturación requiere de un activo trabajo entre Gobierno y sector privado.

El acceso al financiamiento se une con varios de los puntos del esfuerzo que necesitamos hacer para avanzar en un esquema de Industria 4.0.: es un medio tanto para la incorporación de tecnología como para fomentar las exportaciones e internacionalización de las empresas.

Argentina contó en 2017 con 7.887 PyMEs que lograron exportar: en 2007 hubo más de 11.000. ¿Por qué la caída?

Desde el crecimiento de los principales socios comerciales, la integración al resto del mundo, el dinamismo del mercado interno y el financiamiento.

Por ejemplo, empresas que hace 2 años pagaban una tasa para prefinanciar exportaciones del 1,5%, hoy tienen que enfrentar tasas que tienen como piso el 5,5% en dólares.

Muchas veces se endilga este aumento al incremento del costo financiero internacional, pero el crecimiento no se dio en esa proporción: la tasa Libor a 180 días hace dos años era del 1,3% y actualmente es del 2,8%.

La variable tipo de cambio tiene peso como vector estratégico para la promoción industrial. Lo importante es que sea competitivo y estable.

Hoy el tipo de cambio real es más competitivo que a comienzos de año.

Sin embargo, el actual esquema de derechos de exportaciones reduce los incentivos para la agregación de valor, principalmente para los sectores que tienen estructuras de costos más dolarizadas.

Las PyMEs pagaron 2.000 millones de pesos en concepto de derechos de exportación entre enero y octubre de este año.

Esto significa que en promedio cada una de estas compañías tributó alrededor de 7.200 dólares.

La suspensión de los derechos de exportación para las empresas PyMEs aliviaría a la gran mayoría de las empresas exportadoras, que son PyMEs, y que además podrían compensar en el mercado externo, aunque sea parcialmente, la contracción del consumo interno.

Esta agenda amplia y exigente tiene al desarrollo regional como otro de sus centros de gravedad.

Argentina es el 8º país más extenso del mundo y la actividad industrial está distribuida a lo largo de todo el territorio.

La progresiva eliminación de los beneficios regionales contemplados en el Decreto 814/2001 —que alcanzaba a las empresas más alejadas de los grandes centros de consumo porque puedan tomar un porcentaje de las contribuciones patronales a cuenta del IVA— aumenta el riesgo de que se concentre aún más la producción en las cercanías de la General Paz.

Esta agenda también necesita impulsar el Programa de Compre Argentino aprobado por ley y reglamentado este año, que es una iniciativa que tiene la potencialidad de promover la producción local a través de la demanda del Estado.

Muchos países, entre ellos Israel, México y Estados Unidos, utilizan esquemas similares con resultados auspiciosos para las industrias locales.

La agenda es amplia porque hay mucho en juego. La nueva revolución de la industria se juega sobre un mapa global signado por tensiones y disputas comerciales, de cuyo resultado saldrá un nuevo esquema de poder geopolítico.

Por nuestras capacidades y nuestra tradición y presente productivo, Argentina puede ser protagonista del proceso, en el que la industria juega un papel fundamental y las PyMEs tienen que ser el motor.

Fuente: totalnews.com.ar

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