Las Pequeñas y Medianas Empresas de Argentina históricamente se han financiado mayormente con recursos propios.

Damián Di Pace es analista Económico, autor del libro “Economía Pyme”

De acuerdo con un estudio realizado por la Fundación Observatorio PYME (1), entre 2007 y 2017, en promedio, el 60% de los recursos aplicados a la inversión fue financiado con utilidades (principalmente), aportes de socios y demás recursos propios de la empresa.

La participación del crédito bancario como segunda fuente no ha excedido el 30% del gasto en inversión, aunque se nota un importante progreso de su participación luego de la crisis financiera internacional (2008-2009). El mismo informe señala que el financiamiento a través de proveedores es muy pequeño, en torno al 4%.

Por otra parte, la obtención de fondos para inversión a través de programas públicos es poco significativa en comparación con los estándares europeos que giran en torno del 12% del total. Adicionalmente, el financiamiento a través del mercado de capitales es insignificante.

De esta manera, el financiamiento no tradicional (mercado de capitales, clientes, proveedores y programas públicos) prácticamente no creció como fuente de recursos para el financiamiento de las PYME. En efecto, la participación de estas fuentes se incrementó en sólo 3% durante la última década.

Gráfico 1 | Estructura de financiamiento de PYMES inversoras

Esta radiografía no dista mucho de la situación que enfrentan las mayorías de las empresas en nuestro país. El endeudamiento de las empresas locales sólo representa el 20% del PIB, muy por debajo del de otras economías.

Es decir, independientemente del tamaño, las empresas argentinas se financian principalmente con fuentes propias.

Gráfico 2 | Deuda de empresas. Comparación internacional. En % del PIB

Ahora bien, al interior de este bajo nivel de endeudamiento para el conjunto de empresas del país notamos que el financiamiento es fundamentalmente bancario, lo que refleja la asimetría en el acceso a los préstamos bancarios por tamaño de empresas. El crédito productivo bancario está orientado principalmente a los grandes jugadores, en detrimento de las PYMES.

Gráfico 3 | Mapeo del sector financiero por país

La falta de acceso a créditos se agravó notoriamente con el marcado sesgo contractivo que se le imprimió a la política monetaria a partir de la segunda mitad del año 2018, que se combinó con el fuerte deterioro de la actividad económica.

El significativo incremento de la tasa de política monetaria restringió aún más el estructuralmente escaso financiamiento del sector productivo.

Del total de préstamos bancarios a empresas, en torno a 45% corresponden a pequeños y medianos emprendimientos. Estos préstamos, desde inicios de 2018 comenzaron a caer mensualmente en términos reales (descontando la inflación), alcanzando en la actualidad tasas de contracción en torno al 40% interanual.

Es decir, hoy los préstamos bancarios a las PYMES son un 40% más bajos en relación al volumen producido que hace un año atrás.

Si bien las PYMES sintieron el deterioro de las condiciones financieras con anterioridad a las grandes empresas (inicios de 2018), estas últimas también registran al presente caídas reales de igual magnitud en sus préstamos bancarios.

Gráfico 4 | Evolución del saldo real del crédito bancario a empresas

Otro efecto colateral de la política monetaria aplicada es el deterioro de la calidad de la cartera crediticia del sistema que se registró desde fines de 2017. Esta tendencia se acentuó desde mediados de 2018, en el marco de la fase recesiva que atraviesa la economía argentina.

El ratio de irregularidad del crédito al sector privado alcanzó 4% en marzo de este año, con un aumento interanual de 2,1 puntos porcentuales.

Este incremento se dio casi en su totalidad en los últimos 6 meses, y se explicó mayormente por el comportamiento de la irregularidad del crédito a empresas (+2,8 puntos porcentuales en la comparación interanual). La suba se concentró en los deudores pertenecientes a los sectores de industria y comercio, donde existe una amplia presencia de PYMES.

Un dato que permite mensurar mejor la gravedad de la situación es el hecho de que en términos relativos a la caída observada en el nivel de actividad económica, la irregularidad del crédito al sector privado desde marzo de 2018 a la actualidad resultó mayor a la registrada en experiencias pasadas de recesión (especialmente 2008-2009).

Es sabido que las PYMES se financian a través del sistema bancario principalmente a partir del descuento de documentos (por ejemplo, descuento de cheques).

Si bien no se observa un quiebre en la cadena de pagos (con un leve incremento en el porcentaje de cheques rechazados que alcanza a menos del 2% del total de cheques compensados), sí fue notorio el incremento de los plazos en los pagos, y claro está, en esa puja el que pierde es el pequeño productor.

Nobleza obliga, existen casos en los que los grandes proveedores o clientes de las PYMES procuran colaborar con la acuciante situación que transitan éstas implementando algunas acciones, tales como: i) incrementar la frecuencia de entrega de mercancía (lo que aliviana el peso de cada pago que la PYME debe hacer ya que se entregan menos productos, pero conlleva un costo adicional de su proveedor -por ejemplo, mayor flete-); ii) aceptar la extensión de los plazos de pago; iii) otorgar algún tipo de garantía con los bancos para que las PYMES puedan acceder a menores tasas bancarias.

Más allá de estas acciones, tal vez bastante puntuales, nos preguntamos entonces qué pasó con las tasas de interés cobradas por el descuento de documentos desde mediados de 2018.

Partiendo de una ya deteriorada situación como la de mediados de 2018, se observó un fuerte incremento en la tasa de interés para este instrumento. En julio y agosto del año pasado, el 70% del monto operado lo hacía con tasas de hasta 45%.

Un mes después ese porcentaje se redujo a tan sólo cerca del 30%; mientras que aproximadamente el 50% lo hacía a tasas superiores a 45% y hasta 65%, y el 20% restante incluso descontaba a tasas superiores.

Sólo un mes después la situación se agravó aún más (¡como si fuera posible!), siendo más del 80% del total del monto operado que se descontó a tasas superiores al 45%, con una marcada preponderancia de tasas superiores al 65%.

Para ilustrar esta situación, supongamos que una pequeña empresa industrial que produce alimentos que llevan la marca de un hipermercado cobró un cheque a 60 días por 100 mil pesos; descontándolo a una tasa de 80% anual, recibió poco más de 85 mil pesos.

O sea, la escasa caja que pueden hacer las PYMES producto de la recesión económica se combinó con un notorio deterioro de las condiciones de acceso al financiamiento del capital de trabajo.

Gráfico 5 | Monto operado del sector privado en documentos descontados por estrato de tasa de interés (TNA)

Ante el reconocimiento de esta acuciante situación el Ministerio de Producción de la Nación lanzó a partir de marzo pasado la línea de financiamiento para el descuento de cheques para PYMES. Dicha línea ofrece este tipo de préstamos bancarios a una tasa subsidiada sustancialmente menor a la de mercado, lo que se tradujo en una reducción del costo del dinero para financiar capital de trabajo de estas empresas.

Otro dato interesante a analizar es que en los últimos meses se observó una caída en la ponderación de las financiaciones otorgadas a empresas en mejor situación frente al riesgo de incobrabilidad.

Con respecto a marzo de 2018, la proporción de deudores en la situación 1 —normal— disminuyó 3,4 puntos porcentuales y aumentó 1,5 y 2,8 puntos por puntos porcentuales la participación en el total de préstamos a empresas en situación 2 y de 3 a 6, respectivamente.

¿Qué explica esto? Probablemente, ante la acuciante situación de caja y créditos previamente otorgados para los cuales se dificulta el pago, las empresas más vulnerables financieramente buscan refinanciar sus deudas con los bancos para cumplir con los pagos, claro que dichas refinanciaciones las hacen en condiciones menos beneficiosas (mayores tasas y plazos más cortos).

En tanto, las empresas con mejor posición financiera tienden a cancelar sus créditos bancarios incentivadas por el alto costo del dinero. En el grupo de las empresas vulnerables financieramente está incluido un gran espectro de las PYMES argentinas.

Dado que el sesgo contractivo del esquema monetario se mantendrá en 2019, se prevé que las tasas de interés sigan siendo elevadas al menos el resto del año.

Tampoco se avizora para los próximos meses un escenario de mejora económica que permita oxigenar la situación de las PYMES, aunque el cierre de las paritarias y la desaceleración de la inflación podrían morigerar la caída de las ventas, sobre todo en bienes de primera necesidad.

Más allá de la situación de corto y mediano plazo, debemos replantearnos el rol que ha jugado históricamente el sistema bancario en el financiamiento productivo.

La intermediación bancaria disminuyó durante los últimos 35 años (1980-2015) a una tasa promedio de 1,2% anual, mientras que en México creció durante el mismo período a una tasa media anual del 0,7%, en Brasil al 2% y en Chile al 2,1%.

Y es la falta de acceso al crédito una de las razones que explica que en Argentina la creación de empresas sea menor a la observada en otros países de la región.

Y nuestro país necesita más empresas y mejor funcionamiento de las ya existentes para lograr un crecimiento sostenido de largo plazo.

(1) Las PYMES diversificaron las fuentes de financiamiento durante la última década” … MITO, septiembre 2018.