La mejora del tipo de cambio estimula la apertura de los mercados externos, aunque la suba de los costos locales complican la rentabilidad en esos destinos / Algunas experiencias de Pyme que se animan a ir más allá.

Sea por dificultades financieras, por desconocimiento, por imposibilidad de atender tantos frentes a la vez, por temor, por inconsistencias en las regulaciones sanitarias, por costos logísticos o por malas experiencias. Hay un sinnúmeros de argumentos, todos muy válidos, que explican por qué la apertura al mundo de las Pymes de la alimentación es, todavía, una materia pendiente. Si bien no hay números finos sobre el perfil exportador de la industria local, el cálculo informal es que menos del 10 por ciento de las plantas cordobesas tiene hoy un pie en un mercado externo.

La industria de la alimentación y bebidas está integrada por más de 15.000 empresas en todo el país, que dan empleo a más de 500 mil trabajadores, y otros miles de puestos de trabajo de manera indirecta. En 2018 generó exportaciones por 25.316 millones de dólares, el 41 por ciento de todo lo que Argentina vendió en el mundo.

Hay indicios positivos de que muchas, empujadas por un dólar más competitivo, se animan a testear posibilidades de exportación. De hecho, en el curso para la Internacionalización de la industria cordobesa, que ADIAC organizó para este año en conjunto con la Cámara de Comercio Exterior, se anotaron 26 empresas locales. Aunque el camino no es simple y el dólar en sí mismo no alcanza, sobre todo porque se gravan con retenciones las ventas externas y se bajaron los reintegros, la posibilidad de conquistar un mercado que pueda estar ajeno a la siempre volátil coyuntura local es algo que la Pyme casi que está obligada a evaluar.

Una de las que tiene proyectos es Prodor, una productora cordobesa de uvas con finca en Catamarca, que por el momento no está exportando. “Sí estamos reconvirtiendo la empresa a un monoproducro, que es la uva para pasa, con la intención de exportar el 90 por ciento”, cuenta Noemí Bustamante, de Prodor.

“Nosotros somos uno de los que nos tenemos que animar”, admite Severino Bordi, de la Pyme Bordi, especialista en conservas de aceitunas, pickles, pimientos, anchoas y otros. Hoy están desarrollando nuevas presentaciones de productos con potencial para ser exportados.


En Indupas, fabricante de pastas Bettini, el crecimiento en cantidad de unidades destinadas a la exportación permitió compensar la caída en el mercado interno y mantener la estructura laboral de la empresa. “Con nuestra marca estamos presentes en forma contante en Chile, Perú, Paraguay, y Panamá; y a su vez producimos marcas para terceros en el mercado chileno y peruano”, cuenta Jorge Yapur. Pero atención: en el mercado exterior es difícil mantener la rentabilidad. “Es que en los países donde vendemos la inflación es del 2% al 3% anual, cuando en nuestro país tuvimos en el 2018 del 49% anual. Nuestros aumentos de precios de las materias primas, mano de obra, costos financieros, y tarifas no se pueden trasladar porque nuestros clientes mayoristas no pueden dar explicaciones a sus clientes porqué suben los precios si el nivel general de precios de su país no sube”, explica.

Algo similar la pasa a Indual, una elaboradora de insumos para la industria. “Exportamos a Bolivia, Uruguay y Chile y si bien mejoró el tipo de cambio, los insumos aumentaron más que lo que mejoró el cambio”, cuenta José Merlo.

En Molinos Sytari exportaron en 2018 a países limítrofes como Chile, Uruguay, Brasil y algo a Colombia. “Nuestro objetivo este año tanto en mercado interno como en exportaciones es fidelizar a los clientes activos. No vamos a ir en busca de nuevos mercados, pero sí estamos atentos a los que pasa en el mundo”, anticipa David Casanoves, gerente comercial de Molinos Sytari.

Fuente: Asociación de Industriales de la Alimentación de Córdoba (ADIAC)