El histórico acuerdo de libre comercio divide las aguas. Los llamados sectores sensibles advierten que no están en condiciones de pelear si no hay cambios

Mientras Mauricio Macri es uno de los protagonistas de la cumbre del Mercosur, que se realiza en Santa Fe, los representantes de los sectores industriales siguen desfilando por los despachos del Ministerio de Producción. Este jueves, por ejemplo, es el turno del rubro juguetero.

El objetivo de todos estos encuentros individuales entre funcionarios del área de Comercio Exterior, técnicos y algunos pocos integrantes de las cámaras sectoriales tienen un único fin: pasar en limpio los detalles de la letra chica del acuerdo firmado entre el Mercosur y la Unión Europea para cada rubro en particular y, sobre todo, llevarles tranquilidad.

En general, los representantes de todas las ramas de actividad ya conocían de antemano los lineamientos del tratado de libre comercio entre ambos bloques.

Sin embargo, aunque parezca llamativo, aspectos puntuales pero decisivos para cada industria –como los niveles y los plazos de desgravación arancelaria exactos para cada producto- no se hicieron públicos tan al detalle.

Lee también:

En cada mano a mano, los empresarios también aprovecharon para conocer más a fondo otra letra chica que los inquieta: las reglas de origen. Esto es, qué porcentaje de los componentes de un producto final fabricado en el bloque europeo pueden provenir de terceros mercados, sin perder el beneficio del arancel 0% para entrar al Mercosur.

Es que uno de los mayores temores de los industriales es que Europa termine reexportando artículos con un alto contenido de insumos chinos pero con el sello de la UE.

“Fue exactamente como consultar al médico. Uno va con alguna expectativa pero también con algo de miedo, esperando en cualquier momento una mala noticia”, se sinceró el gerente de una cámara que tuvo la oportunidad de dialogar con los responsables de la Secretaría de Comercio Exterior hace unos días. 

Competitividad, la cuestión de fondo

Seguramente, parte del temor responde a una palabra que viene pisándoles los talones a muchos rubros industriales conformados por Pymes y que se pronuncia cada vez que se habla del TLC entre el Mercosur y la UE: “Competitividad”.

El presidente del grupo Los GroboGustavo Grobocopatel lo planteó de manera muy cruda, cuando dijo que había que “permitir que haya sectores que desaparezcan”.

Si bien luego dijo que su error fue hablar “de sectores y no de empresas“, su reflexión no hizo más que poner en el centro del debate lo que vienen alertando diversas industrias: que con las fuertes asimetrías entre uno y otro bloque, y las que muestra la Argentina en particular, se hará difícil competir.

Así lo plantea un informe de la Red de Observatorios de la Argentina, que alerta que “pese a que quintuplica en PBI al Mercosur, registra casi 10 veces más patentes al año, y más que duplicó sus exportaciones a la región en los últimos diez años, la UE ha obtenido un sinnúmero de concesiones en materia de desgravación de bienes, reglas de origen, compras públicas, servicios y establecimiento y propiedad intelectual, entre otras”.

Frente a las voces críticas que comenzaron a alzarse por parte de algunos sectores industriales y sindicales, desde Cancillería aclararon que el pacto “no implica una apertura inmediata: el 60% de la oferta del Mercosur se desgravará en un plazo de 10 años o más, un porcentaje muy relevante si se considera que otros países con acuerdos con la UE lograron plazos más breves para la mayoría de los productos”. 

Lee también:

Además, agregaron que “el acuerdo consiguió plazos extensos para la entrada en vigor de las mejoras arancelarias, lo que permite continuar el programa de transformación productiva y mejora de la competitividad del Mercosur”.

Desde el IERAL, el economista Jorge Vasconcelos afirmó que es cierto que “el acuerdo obliga a la Argentina a ser más competitiva”. Pero acto seguido, disparó: “¿Qué tiene de malo?”.

Sin embargo, entre los empresarios Pyme reina la desconfianza cuando se les habla de “reconversión” o “transformación”.

Básicamente porque ven que se prometió mucho desde las esferas oficiales pero todavía subsisten muchas cuentas pendientes. 

De hecho, todavía recuerdan las palabras de Alfonso Prat Gay, quien en 2016, cuando era ministro de Hacienda, aseguró que se les iba a dar tiempo y ayuda a los sectores poco competitivos para que puedieran mejorar su nivel de productividad.

“Les damos a los empresarios argentinos cuatro años para ir al gimnasio, entrenar, prepararse y en cuatro años salen a la cancha”, graficó, seguramente sin saber que prácticamente estaba vaticinando la entrada en vigencia del acuerdo Mercosur-Unión Europea.

Sin embargo, ya pasaron tres de esos cuatro años desde que Prat Gay llamara a los industriales a calzarse las zapatillas y salir a entrenar, y los avances en esa materia lucen escasos.

De hecho, en la actualidad la Argentina ocupa el puesto 92 entre un total de 137 países en el ranking global de competitividad, según el World Economic Forum.

Problemas en cuanto a la estabilidad macroeconómica, en el desarrollo del mercado financiero, falta de eficiencia en el mercado laboral y en terrenos como tecnología e infraestructura son algunas de las áreas donde aparecen muchas luces amarillas, de acuerdo con la publicación.

Es decir, todavía hay numerosas cuentas pendientes que deberá atender éste y el próximo Gobierno, sea cual fuere el signo político. 

Industrias, entre temores y quejas

El acuerdo dividió las aguas en varios sectores. Y dejó al descubierto, por ejemplo, una grieta en la Unión Industrial Argentina, con un vice afirmando que el TLC “no es una buena noticia” para las empresas nacionales y, posteriormente, su titular afirmando que nadie en la cámara “se opone a abrir el mercado”.

Pero las quejas se potencian cuanto más sensibles son los sectores frente a cualquier aumento de la importación.

En el rubro autopartista, por ejemplo, reina la preocupación: vienen de cerrar un 2018 en el que el déficit trepó hasta los u$s6.830 millones, equivalente a 1,7 veces el rojo que sufrió la Argentina en su conjunto. Además, la Unión Europea explicó el 25% de ese total.

“El acuerdo puede ser una oportunidad pero también una amenaza, en función de cuánto se trabaje sobre la competitividad estructural. Si seguimos como estamos, no hay dudas de que vamos a estar muy complicados en unos años”, apuntaron desde AFAC, la principal cámara de esta rama de actividad.

“Es imprescindible avanzar con reformas en materia tributaria y laboral y mejorar la infraestructura, porque si nos guiamos por la foto que tenemos hoy, el sector va a estar muy expuesto”, agregaron.

Además, se quejaron de que las reglas de origen son demasiado laxas y que el sector quedó preso de un acuerdo “leonino”. Desde la cámara plantean que el TLC habilitará a que el 75% del total de componentes para fabricar un vehículo -medidas en valores- puedan ingresar “extra bloque” y que quedará apenas un 25% por repartirse entre los fabricantes de la UE y el Mercosur.

Entre las visiones más tremendistas están las del Observatorio de Empleo, Producción y Comercio Exterior (ODEP), que conduce Paula Español, que en un reciente informe alertó que, entre las Pymes autopartistas y las terminales, corrían riesgo de perderse 40.000 puestos de trabajo, más de la mitad de los 76.500 que ocupa esta rama en su conjunto.

Sin embargo, desde el IERAL planteaeron el escenario opuesto: reconocieron que la integración con la UE “puede desplazar a algunas empresas y actividades manufactureras”. Pero aseguraron que el sector industrial tenderá a crecer.

Y pusieron como ejemplo lo que sucedió con la marca Seat: “Producía vehículos de baja calidad en la España protegida pero, de a poco, tras la integración con Europea, se transformó en un competidor global”.

En el caso de la Argentina, auguraron que habrá más exportaciones por la especialización en el segmento de las pick ups. “Esto no es ‘gana el campo, pierde la industria'”, remataron. 

En el caso de la industria juguetera, no ven mayores beneficios al acuerdo. Fuentes del sector aseguraron que la baja de aranceles no representará una oportunidad para salir a exportar masivamente a la UE, cuando enfrente está China, el principal jugador a nivel mundial.

“Sí podría haber alguna oportunidad en algunos nichos, como juguetes con diseño como factor de valor agregado”, señalaron.

Visto desde la perspectiva del mercado interno, las preocupaciones están a la orden del día. “La libre competencia llegará en diez años y obviamente va a haber una exposición mayor a la competencia y nos preocupa. Para que esto deje de ser una amenaza va a ser decisivo que se mejore la competitividad estructural”, insistieron, al igual que otros rubros. 

Pero el mayor temor, como pasa en otras industrias, es que los juguetes chinos “se vistan” de europeos.

“Nos preocupa que se genere un proceso llamado de ‘acumulación diagonal’: es decir, que el nuevo socio tome como originarios insumos de países con los que también tiene libre comercio y, de esa manera, el grado de componentes importados sea mayor que el acordado en el TLC”, planteó el industrial juguetero que ya debió sortear varias crisis. 

Incluso, alertó que “no hay que descartar futuras relocalizaciones de fábricas asiáticas para aprovechar las nuevas preferencias arancelarias”. Parte de estas dudas que hoy tiene el sector se irán despejando a partir del encuentro de este jueves. 

En el sector textil, un industrial que forma parte de la mesa de ProTejer también alzó su voz de alerta por la situación que podría avecinarse para el sector textil.

“El acuerdo no es bueno para las pequeñas empresas textiles”, disparó el empresario. ¿Por qué? “Porque la Argentina acumula un serio problema de competitividad sistémica. No podemos pelear con una de las cargas fiscales más altas del mundo o una de las mayores tasas de financiamiento. Salir a firmar acuerdos de este nivel y teniendo tantas falencias en lo macro es poner en riesgo a nuestro sector”, recalcó.

En el rubro calzado, en tanto, evalúan el TLC menos dramáticamente. Es que los productos que ingresen por debajo de los 35 euros deberán estar fabricados con al menos un 70% de insumos europeos. En un principio, esto evitaría una entrada masiva de artículos chinos ensamblados en el Viejo Mundo.

“Tenemos buen cuero, tenemos mano de obra calificada y excelente diseño. Creemos que puede haber una oportunidad de exportar”, agregó.

El tema son los antecedentes: según el industrial, “los acuerdos de libre comercio que firmaron Chile, Colombia y México con la UE fueron negativos para la industria del calzado, porque sus exportaciones se mantuvieron pero las importaciones desde ese origen se les dispararon más de un 100%”.

En este contesto, la entidad que nuclea a las firmas solicitó una nueva reunión con Producción para ver qué posibilidades hay de introducir algunos cambios en el acuerdo. 

Sin embargo, en el Gobierno defienden a rajatabla el pacto y pregonan sobre el efecto positivo de insertarse en el mundo.

Y son numerosos los economistas que acompañan esta visión. Como Vasconcelos, del IERAL, quien planteó que el “escudo” arancelario, que hoy asegura un mejor acceso al mercado brasileño, se convirtió más en un problema que en un beneficio, dado que hizo más dependiente a la industria local de la economía vecina -arrastrándola cada vez que cae- y nunca incentivó la salida a otros destinos.

Además, recordó que en México, cuando se discutía el acuerdo NAFTA, se hablaba del riesgo de “primarización” de la economía.

Sin embargo, “ese país se transformó en una potencia exportadora de manufacturas”, que incluso pasó a competir con China para atraer inversiones. 

Fuente: IProfesional