Menos pymes y trabajo argentino, más primarización y atraso, más trasferencia de riqueza a países desarrollados.

Por Federico Cuomo, titular de la Red Inclusiva para la Expansión Laboral

“El librecambio no es más que una teoría propia de los que… producen materias elaboradas”. Este argumento fue expresado por Vicente Fidel López en 1876 durante el debate de la Ley de Aduanas. “Ricos o más bien abundantes de ciertas materias primas que son casi espontáneas de nuestro suelo, no hemos hecho hasta ahora otra cosa con ellas que recogerlas y ofrecerlas al extranjero fabricante en su estado primitivo convirtiendo ese suelo en una parte adherente a la fábrica ajena”, argumentaba este diputado nacional que se convertiría en Ministro de Hacienda de la Nación entre 1890 y 1892.

El anunciado acuerdo Mercosur-Unión Europea, desde el punto de vista de RIEL, no hace más que confirmar cuán actuales son las palabras de Vicente López, casi un siglo y medio después de haberlas expresado. Aun cuando la decisión de dar este paso diplomático responde más al apresuramiento propio de tiempos de campaña electoral que a estrategias económicas concretas, y a pesar de que su eventual materialización demandará años, desde ya lo rechazamos por su potencial impacto devastador en la pymes argentinas y de los países del bloque regional que integra nuestro país.

Mientras que las pymes nacionales vienen de años de destrucción de su mercado interno, asoladas por tarifazos de servicios esenciales (luz, gas) que no tienen antecedentes en el mundo, apertura indiscriminada de importaciones y BURROCRACIAS legales que no solo condicionan sino que directamente las están destruyendo de a 43 por día (según datos de AFIP), la realidad de sus pares europeas es totalmente la opuesta: un mercado local consolidado durante décadas, celoso proteccionismo, tarifas cuidadosamente auditadas y legislación que se enfoca no solo en no poner en riesgo su actividad sino también en incentivarla.

Aún los propios defensores de este acuerdo admiten con una parsimonia que trata de disfrazar una consecuencia espantosa en términos económicos y humanos –por el daño social que implican- que “debemos aceptar que algunos sectores desaparecerán”.
Es que la intención de acuerdo Mercosur – UE que pretende el gobierno claramente favorecerá a los sectores agropecuarios más concentrados –ni siquiera a los pequeños productores- y perjudicará a las pequeñas pymes manufactureras.

En pocas palabras

Aunque poner las esperanzas en legislaciones específicas no parece muy alentador a la luz de la tan esperada “Ley Pyme” que pese a sus tres años de vigencia no logró detener la sangría de empresas y puestos de trabajo que caen por la actual crisis.

Para concluir, si bien nuestra postura es la de defensa sectorial PyME, desde RIEL entendemos también que este acuerdo no aportará beneficios ni siquiera en términos macroeconómicos. Es más: será directamente perjudicial. La Argentina es hoy una de las economías más endeudadas de la región y eso la obliga a pagos futuros que únicamente podrán cancelarse con ingresos genuinos de divisas.

El acuerdo Mercosur – UE propone perpetuar aquel esquema que denunciaba Fidel López: perpetuar la primarización de la economía argentina y favorecer la colocación de las manufacturas industriales en nuestros países. Y la realidad dice que la tonelada de Mercedes Benz SLK 2019 cuesta unos 45.000 dólares mientras que la de soja no llega a los 330. Y mientras que para hacer uno de esos autos se necesitan decenas de operarios muy bien remunerados, para cosechar esa oleaginosa basta con dos o tres personas que según estadísticas están generalmente precarizadas.
Nos plantean la falsa dicotomía de Apertura o Cierre de la economía, en RIEL queremos una INTEGRACIÓN INTELIGENTE AL MUNDO, pensada desde la SOBERANÍA en vez de desde la ENTREGA.
La ecuación no cierra. Al menos para TODOS.