Por Eric Stotz – Cofundador y director de BuenGiro
Si las transferencias internacionales que se envían mundialmente fuesen el Producto Interno Bruto (PIB) de un país, este sería un poco mayor a lo que producen Argentina y Ecuador en un año, al llegar a los US$689.000 millones, cifra récord que alcanzó el envío de valor en 2018.

Los datos del Banco Mundial muestran un crecimiento sostenido del mercado, y América Latina no ha sido ajena a este proceso; de hecho, los flujos de dinero a la región han aumentado en promedio cerca de 9% anual desde el 2016, alcanzando los US$88.000 millones en 2018.

Si bien parte importante de las transferencias internacionales corresponde a remesas que los migrantes envían a sus países de origen, es cierto que con el boom del ‘home office’ y las nuevas formas de trabajo, se consolida por parte de las pymes argentinas y freelancers el uso de transferencias para enviar y/o recibir pagos por servicios prestados. 

Sin embargo, en comparación con lo que sucede en otros países y regiones como Estados Unidos y Europa, en la América Latina en general y en Argentina en particular transferir dinero es caro. El costo mundial de enviar US$200 cuesta en promedio 7% del total, siendo los bancos (con cerca de 11%) y las oficinas de correo (con más de 7%) los que más cobran por el servicio, en tanto la media global proyectada por el Banco Mundial es de 3% para el 2030.

Los países de ingresos bajos y medios como los nuestros llevan la peor parte. Altos costos estructurales de los bancos, poca innovación tecnológica en el sector, pero sobre todo la baja competitividad en el mercado debido a las alianzas exclusivas entre grandes operadores de transferencia monetaria y correos y bancos nacionales hicieron que a lo largo de la historia enviar valor para los latinoamericanos haya costado demasiado dinero.

Una nueva generación de empresas FinTech ha quebrado el dominio de los tradicionales sistemas sobre las transferencias. Existen dos factores clave para pensar por qué las compañías de tecnología financiera son una real solución al problema de las altas tarifas de envío. La automatización de los procesos de gestión a partir de innovación tecnológica y, en comparación a los bancos, la delgada estructura de gastos que mantiene al ser creada para un producto o servicio específico, reducen significativamente los costos en las transferencias internacionales.

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Las FinTech apuntan a democratizar, agilizar y hacer barato los envíos, que pueden realizarse desde una computadora o smartphone con conexión a internet. Al hacer uso de nuevas tecnologías que permiten que la gestión sea flexible y sobre todo transparente en cuanto al tipo de tasas de cambio, el usuario no solo cuenta con el control de su dinero de forma digital de comienzo a fin de la operación, también está al tanto de cuánto efectivamente será el monto que llegará a destino.

La propuesta de valor de las FinTech cobra mayor impacto social y económico en Latinoamérica si tenemos en cuenta que bajas comisiones por envío revierten el actual panorama en que las empresas que envían o reciben transferencias ven reducido sus ingresos a causa de altas tasas.

El diagnóstico común es continuidad del crecimiento de las transferencias en América Latina y mayor participación de las FinTech en el sector. Para este 2019 el Banco Mundial prevé que los flujos de envíos a países de ingresos bajos y medios se convertirán en la principal fuente de financiamiento externa, impulsado en gran medida por más gente que migra a otros países para encontrar mejores condiciones de trabajo y por una mayor participación de las compañías de la vertical tecnológica en el mercado. En la actualidad, las FinTech con foco en servicio de transferencias en Latinoamérica representan solo el 4,6% del total del ecosistema de startups del sector.