Quienes alguna vez lo pusieron en práctica aseguran que el mindfulness ha mejorado su calidad de vida, ayudándolos a reducir el estrés o sentimientos como la angustia. Menos sabido es, quizás, el impacto que puede tener esta práctica de meditación para combatir la procrastinación, uno de los mayores enemigos de la productividad.

Así lo sugiere un estudio publicado en Personality and Individual Differences, llevado a cabo en Hong Kong que contó con la participación de 339 estudiantes universitarios chinos durante seis meses.

¿Por qué procrastinamos y qué aporta el mindfulness?

La procrastinación es una falta de autocontrol que lleva a posponer las obligaciones en favor de actividades con recompensas a corto plazo. Mirar un capítulo más de la serie nos da más gratificación inmediata que actualizar una planilla o hacer el presupuesto.

Es normal -y hasta sano- que todos procastinemos en algún momento del día. El problema ocurre cuando el hábito se vuelve crónico. Esto se asocia con rendimientos académicos más bajos, depresión, ansiedad y peor calidad de vida en general.

El problema de la procrastinación no se asocia únicamente al aburrimiento. En ocasiones puede haber razones más profundas, vinculadas a sentimientos de inseguridad y autocrítica. El cerebro elige abocarse al ocio o a tareas más sencillas, en vez de enfrentar aquello que requiere mayor esfuerzo, tiene una recompensa a largo plazo y conlleva el riesgo de fracasar.

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Aquí es donde el mindfulness disposicional puede ser de gran ayuda, según esta investigación. Al buscar tener una conciencia activa del presente, plantea dejar de lado ciertos sentimientos, dudas e inseguridades. De esta manera, puede convertirse en una excelente estrategia al momento de emprenderse en una nueva tarea o desafío.

Los hallazgos y las dudas

Los investigadores midieron los niveles de mindfulness y procrastinación de los participantes en cuatro momentos del estudio. Los sujetos debieron afirmar en una escala del 1 al 5 qué tan identificados estaban con afirmaciones como: “No presto atención a lo que estoy haciendo porque estoy soñando despierto, preocupado o simplemente distraído” o “pospongo empezar a hacer las cosas que no me gustan”.

Tras cruzar los resultados se llegó a dos grandes conclusiones:

  • Mayores niveles de mindfulness se asociaron con menores niveles posteriores de procrastinación. Esto sugiere que cuando las personas prestan atención a los sucesos y sus sentimientos, tienden a posponer menos las obligaciones.
  • Mayores niveles de procrastinación se asocian con menores niveles posteriores de mindfulness. Esto sugiere que las personas que procrastinan prestan menos atención a los sucesos cotidianos. Esto puede generar un círculo vicioso, ya que menor conciencia se correlaciona con mayor procrastinación.