En un mundo finito no se puede crecer en forma infinita. Esta verdad no parecía peligrosa, durante mucho tiempo; la población crecía, el consumo crecía, el uso indiscriminado de los recursos naturales no era preocupante, la contaminación no existía en la agenda de nadie y el crecimiento era bienvenido porque producía progresos en el bienestar y en la prolongación de la vida de la gente.

Por Rafael Kohanoff

El aumento explosivo de la población, el consumo sin límites, y la cantidad y velocidad de aplicaciones de los conocimientos científicos y tecnológicos han modificado sustancialmente la situación del mundo y, por supuesto, de nuestro país. Solo de continuar el crecimiento con los valores de los últimos 40 años -o sea el 4% anual- dentro de 100 años el P.B. mundial sería hipotéticamente 50 veces mayor que el actual. Mucho antes de los 100 años la situación ya es inviable y los científicos aseguran que con el ritmo actual de la contaminación del medio ambiente la vida será imposible.

Hay que definir el estilo de vida que permita la sustentabilidad de un mundo con una equitativa distribución del ingreso: Seguramente la exclusión social debe ser frenada y revertida modificando la situación del desempleo y la pobreza instalada como forma permanente. Habrá que establecer un nuevo contrato social que permita la convivencia y la cohesión social. Sera necesario producir pensando en asegurar alimentación, vivienda, comunicación, indumentaria y servicios accesibles para la totalidad de la población. Esta producción deberá ser para todos y no para aquellos orientados a los hábitos de consumo y despilfarro de los grupos de altos ingresos. Los servicios y la producción deberán ser ejecutados por las empresas nacionales, fundamentalmente de las Pymes y, así mismo, el Estado debe asegurar las obras de Infraestructura. El sistema científico-tecnológico nacional deberá apoyar a las nuevas pymes para la construcción del contrato social para el nuevo estilo de vida. Todas las regiones deberán intensificar su producción y el valor agregado localmente. Las actividades productivas tendrán que cambiar. No se podrán usar recursos renovables sin reponerlos, los recursos No Renovables sólo podrán ser utilizados cuando sean sustituidos por innovaciones adecuadas.

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La preservación del medio ambiente deberá tener categoría de derecho humano. Habrá que lograr acercar la producción a los lugares de consumo con tecnologías locales adecuadas y las mínimas escalas necesarias. Habrá que evitar las producciones de poca duración e inducir las compras hacia los productos indispensables. Buena parte de las actividades productivas deberán transformar la lógica económica tradicional y orientarse a la resolución de las necesidades de la población, que no son cubiertas por el mercado especialmente orientado a las personas de bajos recursos. Hemos estado demasiado tiempo negando este largo proceso de destrucción, sin asumir la conciencia de la gravedad de los hechos y, por lo tanto, sin capacidad de cambiarlos.Las empresas no tienen fines. Los fines lo tienen las personas que componen las mismas. Hay que establecer un acuerdo político con principios que contribuyan a la ejecución de planes para construir un país con una distribución equitativa del ingreso, con mínimas desigualdades, sin hambre, baja pobreza, bajo desempleo y alto nivel de educación, salud y seguridad.

Estoy seguro de que la mayoría de los empresarios, incluyendo las Pymes, no realiza en forma intencional actividades cuyo resultado sean la marginación de vastos sectores sociales, la contaminación del medio ambiente, la destrucción de los recursos naturales, el aumento de la brecha entre ricos y pobres o la muerte por desnutrición de millones de niños en el mundo.

A partir de nuestra identidad como emprendedora, lo que implica habilidades y actitudes particulares, nos enfrentamos al desafío de ver si somos capaces de contribuir seriamente a dar respuesta al creciente desempleo, a la pobreza, a la concentración de la riqueza, la inseguridad y la contaminación ambiental. Bregamos por transformar la función creadora de las Pymes en motor de una evolución social que asegure la libertad del hombre ejecutada para el bien común por propia convicción y no solo por normas regulatorias.

Pero para que esto sea efectivo el Estado necesita la participación de las Pymes con un nuevo rol, y estas junto a los trabajadores requieren una articulación virtuosa con los diferentes estamentos del Estado. Quienes podrán cumplir su rol especialmente de sostener el trabajo y eliminar la pobreza. El sistema científico-técnico nacional será un protagonista esencial para lograr la funcionalidad, la calidad y precios de los productos y servicios que se brindan.

  • ¿Podrán las nuevas PYMES transferir sus saberes y experiencias,microemprendimientos, unidades productivas, cooperativas, organizaciones sin fines de lucro para que las mismas mejoren su eficiencia y sus ingresos? *¿Podrán las nuevas PYMES con los trabajadores articulando sus acciones con las universidades, escuelas técnicas y el sistema científico y técnico acordar con las autoridades municipales y regionales el desarrollo local en la salud, la educación, el trabajo y las obras de infraestructura necesarias?
  • ¿Podrán las nuevas PYMES producir aquellos productos y servicios que el mercado tradicional no atiende porque no son negocio atractivo y seguro o lo hace a precios innecesariamente elevados? El sistema educativo, científico-tecnológico, los trabajadores, las Pymes y el Estado deben ser orientados a contribuir a la transformación del país que queremos.

– Rafael Kohanoff, Ex Asesor del Ministro Jose Gelbard Ex Presidente de COPYME Ex Presidente del Instituto de Investigaciones Económicas de la Confederación General Económica (CGE) Ex Vicepresidente de la Confederación Industrial Argentina CINA (fusión de la UIA y CGI) Ex Presidente de la Confederación General de la Industria de Argentina (CGI) Ex Vicepresidente de CLAMPI Presidente Honorario de la Central de Entidades Empresarias de la Nación (CEEN)

Fuente: IADE