El lanzamiento del vino en lata comenzó hace más de 10 años de la mano de compañías vitivinícolas establecidas como la bodega ubicada en Napa Valley, Francis Ford Coppola, que desde el año 2004 enlata su vino espumoso “Sofia Blanc de Blancs”.

Anteriormente, la mayoría de los vinos enlatados en el mercado no tenían una añada, una variedad de uva o algún nombre de una región productora de vino. Pero debido a la creciente demanda de este producto, las bodegas han decidido formalizar la presentación del vino enlatado.

Actualmente, el vino enlatado goza de una creciente popularidad en Estados Unidos, España y Francia.

Algunos millennials quieren comprar vino y consumirlo de manera práctica y simple, sin que por ello pierda calidad.

Beber de una lata es mucho más casual y sencillo que usar un sacacorchos para abrir una botella y verter el vino en una copa o vaso. Además, es más fácil enfriar una lata que una botella de vidrio.

Otra de sus ventajas es que, a diferencia de las botellas de vino, las latas son más fáciles de transportar y el precio es más accesible, rondando los cinco euros de media.

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Al mismo tiempo, al preferir latas de aluminio, se contribuye a reducir la huella de carbono y promover un reciclaje más eficiente. Las botellas de vidrio representan hasta el 73% de la huella de carbono de una bodega. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos explica que el 80% de las botellas de vino terminan en vertederos.

La industria de bebidas enlatadas ha crecido en muchas direcciones, desde cócteles hasta sakes y, por supuesto, varios tipos de cerveza artesanal. El desafío es demostrar que el vino en lata puede cubrir las expectativas del consumidor tradicional.

Lo que es un hecho, es que si se trata de contemplar el color y los aromas en el vino, éste se deberá servir en una copa.

Los millennials siguen obligando a la industria de alimentos y bebidas a salir de lo convencional. Hasta la fecha, varias bodegas se han apuntado al mundo del vino enlatado y lo han impulsado elevando la calidad para mejorar la percepción del producto.

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En el mercado argentino durante noviembre pasado, el sector cooperativo, de la mano de Fecovita, lanzó al mercado interno Dilema, elaborado por Bodega Estancia Mendoza. Según Fecovita, se proyecta comercializar un millón de latas, con un fraccionamiento de 269 ml, para las variedades Dilema Sparkly Pink, y Dilema Sparkly Blanco.Franco Lubrano, gerente de Bodega Estancia Mendoza, explicó: “Con este lanzamiento apuntamos a liderar un nuevo segmento asociado a la innovación. Para este desarrollo la bodega estableció un convenio específico con la empresa Ball dedicada al envasado de bebidas en lata.

En tanto, Bodega Santa Julia, de Familia Zuccardi, pondrá a la venta el próximo mes sus primeros vinos en lata en el mercado doméstico. A principios de año había lanzado en el mercado de Estados Unidos sus primeros tres productos de vino en lata, fraccionados en ese país. Ana Amitrano, gerenta comercial de Familia Zuccardi, informó que “en Argentina vamos a lanzar un Chenin Dulce Natural, en latas de 330 cm3”.

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Por su parte, Bodega Bianchi saldrá al mercado con New Age, su vino gasificado de menor graduación alcohólica, con este formato. Adrián Cura, gerente de marketing de la bodega, dijo a Télam que “la lata permite mayor frecuencia (de consumo) y penetración en el mercado”.

En tanto, el Grupo Peñaflor estudia lanzar sus vinos gasificados Frizzé y alguna etiqueta de la sanjuanina Finca Las Moras.

Fuente: Grupo Dogma Gestión