Conocer las características de una Pyme y una startup son cuestiones esenciales para definir un proyecto, la organización que tendrá y las metas a alcanzar.

Dar el primer paso en el mundo empresarial es un desafío que muchas personas con espíritu emprendedor se proponen cumplir, y para lograrlo, es clave entender la diferencia entre Pyme y startup, dos de las formas que, desde hace años, más se escuchan y hasta compiten entre sí.

La denominación que cada uno quiera atribuirse no será por decisión propia, sino que la actividad que se planifique será clave para definir de qué se trata y cuál es el formato que mejor “encaja”.

Para ello, conocer las diferencias entre una forma de organización y la otra es el primer paso que se debe dar. Luego, es importante entender el proceso para llevar adelante cada una, las ventajas y desventajas y los requisitos legales y administrativos para cumplirlos.

Startup: foco en la innovación

Hablar de una startup trae, de forma inmediata, la sensación de estar planeando un proyecto más moderno. Y algo de eso tiene la definición.

Técnicamente, este tipo de organizaciones se relaciona con empresas emergentes que tienen una fuerte relación con la tecnología, con ideas innovadoras y que sobresalen en el mercado.

Otra característica que las identifica es que se trata de un organización humana con gran capacidad de cambio, con productos altamente requeridos por el mercado, y con un diseño y forma de comercialización que está orientado completamente al cliente.

Innovación y creatividad se oponen a la mediocridad en cualquier startup.

En general, estos modelos también cumplen con características básicas de orden y trato entre las personas, ya que cada uno se evalúa por mérito, no por quien es el dueño de la idea; no lo consideran un trabajo, sino una misión, y es un deseo que siempre se quiso alcanzar.

Por eso, el espíritu que sobrevuela a una startup es de gran intolerancia a la mediocridad, priorización de la equidad (no hay cargos definidos, sino que todos son importantes), y la existencia de un líder natural que encamina el proyecto.

Pyme, la más tradicional

Este tipo de organización se caracteriza por ser más formal y estructurada que una Startup. Incluso, desde el punto de vista legal e impositivo, debe cumplir con varios requisitos.

Llamada pequeña o mediana empresa, de la cual deriva su sigla, la AFIP la define como una compañía que realiza sus actividades en el país, en algunos de los sectores que pueden ser comercial, de servicios, industria, minería, o agropecuario.

Una PYME tiene una estructura más vertical y organizada.

Puede estar integrada por varias personas, número que varía según el tipo de actividad, y también se miden sus ventas totales anuales en pesos, las cuales no pueden superar los montos establecidos según su categoría.

Hay que tener en cuenta que la concepción de la Pyme varía de acuerdo al país. En la Argentina está ligada a las ventas anuales y el rubro, pero en otros mercados depende exclusivamente de la cantidad de empleados.

Diferencias esenciales

Por encima de los conceptos formales donde se encuadran estos modelos, para diferenciar una Startup de una PYME hay que ir más allá. La primera, está muy ligada a los negocios en la era digital, pero también se trata de una medida de tiempo.

Startup es una gran empresa en su etapa temprana; a diferencia de una Pyme, se basa en un negocio que será escalable más rápida y fácilmente, haciendo uso de tecnologías digitales”, dicen los expertos en nuevos negocios.

Como su nombre lo indica, el término solamente aplica cuando el proyecto está en el arranque. Una vez que haya escalado dejará de llamarse Startup.

Los principales gigantes tecnológicos, como Facebook, Google, Airbnb o Uber iniciaron como Startups; sin embargo, a esta altura ya no se podrían considerar en ese rubro.

La escalabilidad, que tiene que ver con el potencial de la empresa, es el segundo aspecto fundamental de una Startup, y para lograrlo, se debe integrar tecnología que permita distribuir el producto.

Ahí aparece la tercera cualidad: crecimiento exponencial. Los ingresos crecen mucho más rápido que los gastos de la compañía y esto, normalmente, se logra a través de la tecnología.

Cuándo se habla de una PYME la evolución es diferente.

En primer lugar, se debe registrar en la AFIP y se establecen categorías que dependen, tal como se explicó, de las ventas totales anuales, la actividad declarada, el valor de los activos o la cantidad de empleados según rubro o sector de la empresa.

Luego, cada una de estas características la posicionará como microempresapequeña empresa o mediana empresa, y la cantidad de personal que pueden tener a cargo dependerá del rubro o actividad, con un mínimo que arranca en 12 personas y un máximo de 655 (rige solo para minería), ya que en cualquier negocio no supera las 250 personas.

¿Conviene más ser Pyme o ser una startup?

Tal como indican las definiciones, más allá de las ventajas y desventajas, hay cuestiones básicas que cumplir para entrar en cada una de las categorías. Por lo cual, más allá de la conveniencia, la evolución del negocio irá marcando la categoría que se debe adoptar.

Para comprender fácilmente, hay que hablar de tiempo. Una startup es una forma de denominar una fase empresarial, lo cual implica que, en determinado momento, dejará de serlo.

De esta manera, aunque no existe una medición absoluta, existen determinados elementos que identifican a cada tipo de empresa y que marcan el fin de un proceso de emprendimiento para pasar a tomar otra forma que deberá definirse en el momento. Quizás llegó a un punto donde supera a una Pyme.

Con estos fundamentos, quién esté pensando en una empresa diseñada para crecer rápidamente y con la idea de convertirse en referentes a nivel mundial con sus productos, podrá inclinarse por una startup.

El responsable de este negocio busca algo más grande, transformar la vida de la gente con su creación. Un buen ejemplo de una startup podría ser Starbucks, una empresa que innovó dentro de un sector tradicional de la economía, convirtiéndose en un referente de cafetería en todo el mundo.

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Por otro lado, un emprendedor que desea crear su pequeña empresa, pensará en hacerlo porque se trata de un buen negocio que le da la oportunidad de ganar un dinero que le permita vivir dignamente. Más que conquistar el mundo, buscará un rédito económico y una seguridad más palpable.

También hay que pensar que apuntan a diferentes mercados. Mientras que una PYME se dirige a un mercado local y a pequeña escala (que con el tiempo puede crecer), una Startup lo hace pensando en el mundo, en mercados amplios y globales, en derribar fronteras.

Otra diferencia es que, una pequeña empresa, antes de constituirse tiene que tener claro qué quiere ser, una cafetería, una tienda, un fabricante de autopartes, por nombrar algunas opciones. Para muchas personas esta puede ser una ventaja, porque hay más seguridad y se delimita el campo de acción.

En el caso de las Startups no es así. La principal diferencia es que es una etapa entre la idea de negocio que se tiene en mente y la construcción de una gran empresa. Es decir, la ventaja es que no sale al mercado con objetivos que alcanzar, sino que busca encontrar un modelo de negocio adecuado para ella, cómo generar valor, cómo hacer dinero. El modelo de prueba y error es más que válido.

El factor tiempo es otra diferencia clave. La Startup tiene una visión de plazo más largo. Es una institución temporal porque su objetivo principal es, con el tiempo, convertirse en una gran empresa. Una PYME no tiene esa intención de crecimiento, por lo menos al momento de crearla.

Por último, cada formato tomará diferentes riesgos: las Startups tienden al “todo o nada”, su tasa de supervivencia suele ser menor que la de la PYME puesto que su objetivo es mucho más ambicioso aunque su modelo de negocio es menos claro.

En resumen, Startup es un estadio, pero también una manera de hacer las cosas en una empresa. Normalmente se trata de compañías muy jóvenes con marcada base tecnológica y muchas posibilidades de crecimiento. Lo negativo de este modelo es que tiene, desde su nacimiento, un riesgo mucho mayor como negocio comparándolo con uno tradicional porque depende de demasiadas variables para funcionar.

La Pyme, por su parte, es más formal, tiene reglas que cumplir y una organización vertical, con un director o CEO que las ordena. Tiene un modelo de negocio más claro y predeterminado, lo que no quita que no tenga riesgos y que la presión impositiva las acorrale todo el tiempo.

A futuro, para quien está pensando en iniciar un negocio, dependerá de sus ideas, objetivos y caàcidad de asumir riesgos el camino que quiera tomar. 

Fuente: IProfesional