Este año, más que lo habitual, exportar es clave por la necesidad de divisas que tiene el país. El Gobierno insiste en ese punto aunque los economistas sostienen que algunas de las medidas que toma van en detrimento de ese objetivo.

Los datos oficiales indican que hay unas 9500 empresas exportadoras en la Argentina, de las cuales alrededor del 85% son pymes. De cada 50 empresas pequeñas y medianas que hacen envíos al exterior, solo una exporta de manera constante, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Empresarios y especialistas consultados por la nacion coinciden en que el mayor problema para las pymes -además de los ciclos del contexto macroeconómico- es la falta de estructura para ocuparse del comercio exterior y el desconocimiento de las herramientas existentes que facilitan el proceso. “Por el resto, los inconvenientes no son distintos a los que se enfrentan en el mercado interno”, resume el economista Gastón Utrera de la consultora Economic Trends.

“Desde hace años sostenemos que la inserción en el mundo no puede ser tomada como un capítulo aislado del contexto general ya que es un punto alto del desarrollo empresarial -dice Vicente Donato, director del Observatorio Pyme-. Técnicamente no es posible exportar sin haber hecho antes un recorrido donde se hayan instrumentado las competencias técnicas y otras capacidades que normalmente se ejercitan en el mercado interno. Hay que resolver, además, por supuesto, la estabilidad de reglas fiscales y de inversión”.

Desde Came indican que un rasgo destacado es que el perfil de las pymes exportadoras es predominantemente “manufacturero”: el 92% de las empresas de este segmento que venden afuera tienen esa característica. También admiten que estas firmas suelen “entrar y salir” de las exportaciones; las dejan cuando el mercado interno aparece más atractivo.

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El secretario de Comercio Exterior de la Came, José Luis Lopetegui, advierte que hay que seguir trabajando en la cultura empresaria para que “se entienda que el mercado es el mundo; la mayoría está muy concentrada en un mercado local de 44 millones de personas frente a uno de 7.000 millones de personas”. Esa focalización es determinante para que no se profundice en las herramientas existentes para facilitar las operaciones, en los programas de asociativismo que permiten generar más volumen y en las líneas de capacitación.

Además de la mayor o menor voluntad en salir al mundo, nadie desconoce que los ciclos económicos argentinos son cruciales. Es complejo exportar desde un país que es caro. Un estudio de la Fundación Pyme destaca la pérdida de poder adquisitivo de las exportaciones de estas empresas: hoy un producto que sale del país tiene un poder de compra un 20% menor que en 2011. “Los términos de intercambio para las pymes son sistemáticamente negativos”, resume Donato.

Y agrega que la sola devaluación no es “revolución exportadora”; destaca que el precio es una de las variables pero “ni por asomo la más importante”. Indica que es importante, en ese contexto, analizar la evolución de los términos de intercambio con el resto del mundo, de lo que resulta que el ritmo de incremento de los precios de los insumos es siempre superior.

“Cada vez se necesita vender más para comprar lo mismo en el exterior y ese punto no depende de la devaluación sino de la tecnología y de las estrategias comerciales -describe Donato-. Si no logramos que los precios de nuestros productos en dólares crezcan al mismo ritmo que nuestros insumos perdemos rentabilidad y desarrollo sostenible”.

Agendas diferentes

Según datos de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (Cera), dos regiones del país concentran más del 80% de las pymes que exportan; la pampeana (69%) y la región centro (15%). Claramente son zonas con más facilidad en la logística que el resto del territorio. La metalmecánica es el rubro exportador con más presencia de firmas medianas y pequeñas. En el área pampeana dominan las operaciones en químicos y plásticos; en el centro, la metalmecánica; en Cuyo y el noroeste, alimentos y bebidas y en el noreste, madera y papel.

Lopetegui señala que se requiere un “esfuerzo personal” para la búsqueda de nichos, de segmentos especializados y ratifica que desde Came entienden que se requiere una ley de exportación para pymes que reconozca las especificidades del sector. Por ejemplo, subraya que hay empresas que pueden operar sólo si se le quitan las retenciones y, de esa manera, generar “una cadena virtuosa”. Además, se deben contemplar las diferencias logísticas e impositivas.

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“Si seguimos cargando con impuestos a la producción vamos a conseguir los mismos resultados -agrega-. Por qué no probar algo diferente; diseñemos un escenario sin retenciones para pymes y veamos cómo impactaría en la recaudación. Hay un caso de una fábrica de vidrios que cerró una operación importante en Uruguay pero las retenciones la dejaron afuera, no pudo competir con una chilena. Como no concretó el negocio no tributará”.

Economic Trends trabaja con distintos sectores y por eso subraya que la agenda de cada uno es diferente, con requisitos distintos. Por caso, la industria del calzado necesita que un par tenga un costo de US$37 para ser competitiva y está US$10 arriba. “Hay que trabajar en diferentes puntos porque la competitividad se baja de a centavos”, dice Utrera.

Otro caso es el de empresas especializadas en equipos médicos, son chicas pero fuertes; el problema de costos no es el principal, pero sí el del trazado de estrategias para abrir mercados y desarrollar productos. En esa línea, reclaman crédito fiscal para promover esas inversiones y están convencidas de que así podrían triplicar sus exportaciones.

En bienes de capital no seriados -matrices, instrumentos de medición- las retenciones y la reducción de reintegros que instrumentó el gobierno anterior los dejó más caros en dólares que antes de la devaluación. Utrera cuenta que se trabajó con esa administración y se logró que el sector entrara en la Ley de Economía del Conocimiento (que hoy no está vigente), “se abrió la idea de una política industrial más moderna, entender cuánto conocimiento hay en los fierros”.

Una labor parecida se hizo con el autopartismo cordobés que también fue impactado negativamente por la combinación retenciones y menores reintegros: “Se solucionó pero hay que revisar los números porque la modificación llegó tarde y hubo proyectos que se frenaron, se levantaron”.

Cada sector es un mundo en sí mismo y aunque se habla de las pymes “como un todo, es un universo fragmentado con casos muy diferentes. Hay perfiles de distinto tipo; las mesas sectoriales que se pusieron en marcha es una manera de escuchar y atender las particularidades. Esperemos que esa lógica continúe”, aporta Utrera y destaca que cuando las empresas dejan de exportar “suben sus costos en el mercado interno; no hay que perderlo de vista”.

Por supuesto que las economías de escala hacen que las grandes empresas soporten menores costos unitarios por producto y sean más competitivas; además tienen más chances de afrontar inversiones en investigación y desarrollo y más posibilidades de acceso al crédito. Son tres diferencias sustanciales respecto de las pymes.

Más productividad

Donato está convencido de que los programas específicos para pymes “ayudan marginalmente; para colaborar hay que aumentar la productividad de las empresas”. En ese contexto, indica que pareciera que en la Argentina “no se terminó de entender” que es la inversión lo que hace sostenible la economía, es lo que logra “generar puestos de trabajo, salarios, consumo. Hay que tener una política industrial para obtener un resultado exportador. Es ilusorio creer que podemos hacer algo con las exportaciones sin ese paso”.

La Fundación Pyme señala que la inversión en maquinaria y equipo en las pymes manufactureras es uno de los aspectos más relevantes para determinar su vinculación con los mercados internacionales y agrega que estas empresas registran una fuerte tendencia a estar integradas en cadenas de valor con proveedores nacionales, ya que el 80% del gasto que realizan en insumos y bienes intermedios y el 71% de sus inversiones en bienes de capital corresponden a bienes de origen nacional, mientras que los bienes importados participan sólo con el 20% y 29%, respectivamente.

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Alrededor del 1,4% de las pymes argentinas le venden al mundo; el porcentaje es bajo en relación con países como España o Italia, que llegan al 10%. Todas las fuentes consultadas por este medio coincidieron que la simplificación de los trámites -vía Exporta Simple- fue un paso adelante. “La estructura es complicada y la iniciativa ayudó, pero insistimos en que en el interior todo cuesta más; las medidas castigan al que está afuera de Buenos Aires”, menciona Lopetegui.

“Exportar es un esfuerzo muy grande porque estamos siendo castigadas con impuestos, costos de logísticas, todo lo que nos excede a nosotros como empresarios -continúa-. Hay medidas que toman los gobiernos para hacer caja y echan mano a la exportación porque son procesos en marcha pero el cambio de reglas de juego lo interrumpen”.

Donato reitera que la Argentina tiene “un problema estructural fundamental; todo el resto es cosmética” y aunque ratifica que no es clave, reconoce que el tipo de cambio es un factor de peso. “Hoy en términos reales el multilateral es 40% inferior al de período 2007/08; habría que devaluar un 40% y tener cero de inflación para recuperarse”, grafica.

En la región, Chile, Uruguay, Colombia y Perú son países que los expertos mencionan como casos que incentivaron las inversiones y lograron resolver el problema de la moneda. “Tienen moneda y tienen financiamiento de la inversión; Chile avanzó con la Unidad de Fomento y lo mismo hizo Colombia. Nosotros no pudimos resolver eso; es asignatura pendiente”, añade Donato.

Por: Gabriela Origlia – La Nación