Israel es un pequeño gigante de la innovación, con la ciberseguridad, la inteligencia artificial y las ‘fintech’ como punta de lanza

Si Google predice las consultas de búsqueda en tiempo real, es gracias a una idea de los ingenieros israelíes de Google Israel. Al igual que si tenemos lápices de memoria USB, es por el ingenio de la empresa israelí M-Systems, del emprendedor Dov Moran. Y hay muchos ejemplos más. Porque sólo Intel da empleo a unas 12.000 personas en el país. Israel es la “nación start-up ” según algunos. Un milagro según otros.

El país vive entre conflictos que revisitan el pasado. Pero su presente mira al futuro. Una pequeña franja de tierra aislada por sus vecinos que, como Silicon Valley, ya es una de las principales mecas de la innovación y el emprendimiento.

Los números impresionan: hay unos 350 centros de I+D de compañías multinacionales. De hecho, es, tras Corea del Sur, el país que más presupuesto sobre PIB destina a I+D, más del 4%. También el cuarto en porcentaje de graduados universitarios, con cerca del 50%. Y el octavo en porcentaje de PIB destinado a uno de los ámbitos de mayor inversión en tecnología, el militar, con también sobre el 4% –aquí sólo superado por los países árabes. Una innovación que se concentra en sus dos grandes polos urbanos, Tel Aviv y Jerusalén. En la que participan unos 240 fondos de capital riesgo. Y que no surgió de un día para otro.

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Un éxito histórico

David Ben Gurión, socialista, fue quien leyó la declaración de independencia de Israel en 1948. Con estas palabras: “Aquí [el pueblo judío] ha vivido como pueblo libre y soberano; aquí ha creado una cultura con valores nacionales y universales”, recitaba en una sala del Museo de Arte de Tel Aviv bajo el retrato de Theodor Herzl, fundador del sionismo moderno.

Y lo universal fue clave.

Los edificios Bauhaus poblaron la ciudad de la independencia –mediterránea y abierta, mayoritariamente laica. La más conflictiva Jerusalén quedaba en el interior, entre colinas, disputada desde el primer día. Y en paralelo se experimentaba una sociedad en la que los kibbutz eran la expresión rural del cambio: comunas agrícolas que fueron claves antes de conseguir un Estado y luego para asentarlo entre ideales de igualdad, democracia y judaísmo secular. Era innovar, aunque la primera respuesta a la partición de Palestina fueran las guerras.

Fuente: lavanguardia.com