Por María Julia Bearzi, directora ejecutiva de Endeavor Argentina

No es cierto que hay pocas mujeres que se animan a emprender. Son muchas las que se animan a desarrollar esta actitud emprendedora, pero pocas las que se desafían a superar las barreras necesarias para crecer. 

Si vemos cómo fue evolucionando el ecosistema emprendedor en Argentina y en Latinoamérica en general, vemos que detrás de los emprendimientos que crecieron o llegaron a un determinado estadio de desarrollo están, en su gran mayoría, liderados por hombres. 

Actualmente, si bien la equidad de género es un tema cultural y global transversal a todos los ámbitos, lo cierto es que todavía el desafío más grande es lograr un cambio de mentalidad y derribar paradigmas y estereotipos culturales respecto de qué se debe esperar de cada género, tanto en el plano laboral como en el mundo emprendedor. Y esto también significa un cambio de mirada dentro de las mismas empresas: menos estructuras y más confianza en las propias habilidades. Estar dispuestos a asumir riesgos y afrontarlos, tener iniciativa, creatividad, detectar una oportunidad y desarrollar un proyecto con pasión, sin olvidar aprender de los buenos y malos resultados. Es fundamental contar con equipos complementarios dentro de una empresa: no sólo desde perfiles más y menos técnicos o más y menos creativos; sino valiosos por su capacidad de integración. ¿Por qué? Está comprobado que las mujeres tienen cualidades que las hacen únicas y las convierten en agentes de cambio: generan ambientes de trabajo más colaborativos, democráticos y amigables y son grandes transmisoras de empatía.

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Sin embargo, en este escenario todavía tenemos una deuda pendiente: seguir construyendo una comunidad de mujeres que funcione como una red de apoyo. En Endeavor estamos convencidos de que el acompañamiento mejora el rendimiento de los emprendimientos y eso nos empuja a generar más programas de formación emprendedora que brinden las herramientas necesarias para capacitar y mentorear a las mujeres en sus proyectos. Así lo hicimos el año pasado con Her Business Program, en el que aceleramos a fundadoras de compañías de diferentes industrias – desde una emprendedora cordobesa que exporta soluciones a Kuwait hasta una farmacóloga que lidera una organización de investigación clínica – para que despeguen con sus negocios y se animen a más.

Sin dudas hay una voz femenina que se alza y está generando nuevas maneras de pensar el rol de la mujer y su participación en diferentes espacios. Cada vez son más las líderes que exponen sus figuras y se convierten en modelos a seguir para otras, contagiando sus valores. Estoy convencida que compartir desde la experiencia hará cada vez más grande este círculo virtuoso.