La técnica no convencional utilizada para la producción tiene costos altos y necesita un valor del barril mayor a los US$40 

Para un Gobierno que tiene como objetivo sustituir importaciones por industria nacional, el derrumbe del precio internacional del petróleo no es una buena noticia. Con un valor del barril de crudo en niveles de US$36 , como llegó ayer luego de caer casi 20% la cotización , el desarrollo de Vaca Muerta no es viable, porque el precio no llega a cubrir los costos de producción.

El petróleo es un commodity ; es decir, tiene un valor de referencia uniforme para todos los tipos de crudo, sin importar si fue extraído en Arabia Saudita, Iraq, Rusia, Estados Unidos o la Argentina. Tampoco diferencia si se utilizó la técnica convencional , en la cual se hacen perforaciones verticales, o, si en cambio, se trata de la producción no convencional -como la utilizada en Vaca Muerta-, que tiene un costo mayor.

Vaca Muerta es una formación sedimentaria muy dura, parecida al mármol. Para perforarla y liberar los hidrocarburos (gas y petróleo) es necesario hacer pozos horizontales, en forma de “L”, y hacer fracturas con la inyección de mucha agua y arena para romper la roca. Son pozos que en el primer año se extrae mucho petróleo y gas, pero, pasado ese tiempo, el rendimiento declina muy rápido. Para mantener el ritmo de producción es necesario estar perforando nuevos pozos de forma constante.

Esta técnica es muy costosa. Se necesitaron varios años de inversiones en investigación y desarrollo para que la producción no convencional sea económicamente viable : que el precio de venta del barril de petróleo o del gas cubra los costos.

La innovación llegó de la mano de Estados Unidos. Hoy, no solo es el mayor productor no convencional, sino que es el mayor productor de petróleo y gas del mundo, una utopía hace solo diez años. Estados Unidos consume por día 20 millones de barriles y, por primera vez en 65 años, en 2020 se convertirán en un exportador neto de energía (exportarán más de lo que importarán).

Muchos países intentaron replicar la técnica no convencional , luego de los avances tecnológicos de Estados Unidos. La mayoría sin éxito, como Arabia Saudita, Argelia y China. La Argentina, en cambio, logró hacer funcionar Vaca Muerta con esfuerzo de toda la industria e incentivos fiscales de los gobiernos. Los resultados son visibles: en menos de siete años, la producción no convencional de petróleo ya representa el 19,4% del total -tuvo un crecimiento anual del 50% en 2019 en relación a 2018- y la de gas, el 42,7% de toda la producción nacional, según el último informe del Instituto Argentino de Energía Gral. Mosconi.

Los costos bajaron de manera exponencial y el futuro de Vaca Muerta ya es posible sin subsidios. Sin embargo, un precio del barril de petróleo por abajo de US$40 rompe con cualquier proyecto de desarrollo. No solo para la Argentina. Con valores en niveles de US$36 también se desacelera la producción en Estados Unidos, ya que se paralizan nuevas perforaciones.

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Aquí radica la diferencia con los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC, por sus siglas en inglés). Arabia Saudita y la mayoría de los países árabes tienen un breakeven -el valor que permite recuperar la inversión en producción- de entre US$5 y US$10 el barril, alrededor de US$30 menos que los países productores del no convencional o los de producción offshore (costa afuera).

Por eso pueden seguir produciendo petróleo con valores del Brent -la cotización internacional que se toma de referencia en el mercado local- más bajos que la Argentina y Estados Unidos. Aunque estos países, en general, también tienen una limitación: su ” breakeven político” es de entre US$75 y US$80; es decir, el nivel de rentas que necesitan para cubrir los altísimos costos sociales.

En los últimos años, estos países redujeron la necesidad de mantener un precio tan alto con la imposición de mayores impuestos, ya que la mayor producción de petróleo de Estados Unidos implicó que perdieran poder para mantener el valor del crudo alto con reducción de oferta. De hecho, la estrategia de mantener precios altos fue fundamental para permitir que los proyectos no convencionales de Estados Unidos se desarrollaran, porque permitían que, aun con costos altos, fueran rentables. Al darse cuenta de esto, los miembros de la OPEC aumentaron de nuevo la producción para reducir el precio, pero, para ese entonces, la tecnología estadounidense ya había mejorado la eficiencia y bajado los costos.

Desacuerdo entre Arabia Saudita y Rusia

El viernes pasado, en la reunión de la OPEC en Viena, Arabia Saudita y Rusia no llegaron a un acuerdo sobre continuar recortando la producción para frenar el derrumbe del precio del barril, que se produjo luego de que se reduzcan las proyecciones de crecimiento mundial y, por lo tanto, se estime una caída en el consumo del combustible.

“El fracaso de las conversaciones en Viena indica implícitamente que Rusia tiene una visión y prioridades diferentes. Vladimir Putin puede estar buscando de manera oportuna sembrar más caos geopolítico. También tiene una antipatía de larga data por el gas y el petróleo no convencional estadounidense. Pero la principal razón de la acción de Rusia puede ser simplemente el desacuerdo sobre la política que propuso Arabia Saudita: Rusia tiene una posición fiscal sólida y está apuntando a aumentar posición de mercado para incidir sobre el precio del curdo”, analizó un informe de la Eurasia Group.

Sin embargo, la consultora no cree que las dos partes tengan intención de mantener una guerra de precios por varios años para reemplazar en gran parte a la producción no convencional de Estados Unidos. “Rusia tiene recursos (sus reservas internacionales ascienden a US$570.000 millones) para hacer frente a los efectos económicos de una guerra de precios, pero Putin no está ansioso por agotarlos sustancialmente en una batalla con Arabia Saudita, ni como un juego sostenido contra los productores no convencional. Mientras tanto, el fondo anticíclico de Arabia Saudita le da cierta ventaja para compensar los precios más bajos, pero sus reservas extranjeras de US$500.000 millones enfrentarían un agotamiento significativo durante un período prolongado de precios bajos”, señalaron.

En el escenario más dramático, en el cual escala una guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia, según la Eurasia Group, “sacarían a otros productores globales del negocio y asegurarían que un grupo más pequeño de productores controle el mercado”.

“Un impulsor clave de este escenario sería una señal positiva o alentadora de que la caída del precio del petróleo está llevando a una caída en la producción de otros productores de alto costo [como Vaca Muerta]. Un colapso de la relación personal entre el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammad bin Salman, y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, es un factor clave que contribuye; los dos líderes pueden ser inflexibles a veces”, concluyeron.

Fuente: La Nación