Viajar como lo hacíamos hasta antes de la pandemia ya nos resulta una utopía. Largas colas para hacer la entrega de equipajes en los mostradores de las aerolíneas, en migraciones, o mismo la clase turista de los aviones donde se viaja en espacios altamente reducidos ya no son una opción.

Habrá, por lo menos a mediano plazo, menos vuelos. Esa tendencia estará impulsada por las personas y los negocios que tendrán menos dinero y por el auge de las videoconferencias.
Y, después de la pandemia, volar también generará más nerviosismo, al menos inicialmente. Las cámaras de imagen térmica, que toman tu temperatura cuando pasas por los controles, podrían volverse de uso corriente en aeropuertos y hasta en estaciones de tren para asegurar a pasajeros y personal de planta.

Un mercado de aviación más pequeño significa que los precios subirían al doble. Después de estar semanas encerrados en casa, muchos de nosotros estaremos ansiosos de viajar, pero los viajes internacionales por avión, tren o barco probablemente tendrán que cambiar.

Los eventos empresariales de congestión internacional, prácticamente desaparecerán, y volveremos a volar casi con la frecuencia de 30 años atrás.

Las aerolíneas piensan alternativas

Junto con la Autoridad de Salud de Dubái​, Emirates testeó por Covid-19 a todos los pasajeros antes de que se embarcaran en un vuelo a Túnez, con lo que se transformó en la primera aerolínea en realizar estos chequeos rápidos, cuyos resultados se obtuvieron en 10 minutos.

Además, la compañía adaptó los trámites de facturación y embarque al distanciamiento social, con la instalación de barreras en los mostradores y uso obligatorio de guantes, barbijos y desinfectantes para sus empleados.

Otras medidas fueron retirar los materiales de lectura impresos a bordo y modificar el packaging y presentación de los alimentos, además de limitar el equipaje de mano: los productos artículos permitidos en la cabina se limitan a computadoras portátiles, bolsos, maletines o productos para bebés. Todo lo demás debe despacharse, por lo que se agrega la franquicia de equipaje de mano a la de equipaje despachado.

Además, todos los aviones se someten a procesos mejorados de limpieza y desinfección después de cada viaje, y todos los pasajeros deben usar sus propios barbijos en forma permanente, y seguir las pautas de distanciamiento social.

Está el ejemplo de Delta Airlines, que además de reducir el servicio de alimentos y bebidas a bordo como forma de disminuir los puntos de contacto entre pasajeros y tripulantes, bloqueó los asientos centrales en todos sus vuelos. Además, puso en pausa los ascensos automáticos de cortesía para miembros Medallion y modificó el proceso de embarque para abordar por fila, comenzando por la parte trasera.

Las low cost Wizz Air e easyjet van por el mismo camino, ya que anunciaron que están reprogramando aviones con dos tercios de su capacidad o asientos vacíos en medio para permitir más espacio entre pasajeros.

La nota discordante la dio la irlandesa Ryanair, la low cost más grande de Europa: su director ejecutivo, Michael O’Leary, señaló que volar con asientos centrales vacíos es “una locura”, que sería inviable económicamente, y se pronunció en cambio a favor de los controles de temperatura obligatorios y el uso de mascarillas para pasajeros y tripulación.

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Diseños polémicos

Más allá de las medidas y estrategias que adoptan las líneas aéreas, hay quienes creen que serán necesarios nuevos modelos de asientos que minimicen el contacto entre pasajeros. Es el caso de la empresa italiana Avio Interiors, que presentó algunas polémicas propuestas para las aerolíneas una vez que se levanten las restricciones.

Los dos diseños desataron más de una críticas, y se basan en dos principios. Uno es invertir el asiento central, rodeado con una pantalla de acrílico, en cada fila de tres, de modo de aislar a los pasajeros.

La otra propuesta es más sencilla: colocar simplemente mamparas de acrílico entre los asientos, para disminuir el contacto entre pasajeros.

Buenas prácticas para los hoteles

La Asociación de Hoteles de Turismo (AHT) de Argentina lanzó el 28 de abril un protocolo de funcionamiento para la apertura de sus establecimientos cuando culmine la cuarentena por coronavirus​.

El documento “Buenas Prácticas para la Hotelería” detalla las sugerencias de la entidad para una operación segura en sus más de 300 hoteles representados, con recomendaciones específicas para cada sector del hotel.

La elaboración de este protocolo fue supervisada por profesionales de infectología de la compañía de medicina privada Swiss Medical Group y contempla recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, según la AHT, que lo presenta como “un complemento de las medidas vigentes a nivel nacional”.

“Queremos brindar esta herramienta a nuestros hoteles para asegurar las mejores condiciones de seguridad en la operación, y de esa manera llevar tranquilidad a nuestros huéspedes y empleados a lo largo de toda la experiencia”, afirmó el presidente de la AHT, Roberto Amengual.

El empresario consideró que se debe “estar preparados para el día después y esperamos que ese día llegue lo más pronto posible”, por lo que buscan “llevar tranquilidad a las autoridades, asegurándoles que ya nos estamos capacitando y estamos listos para reanudar nuestra actividad ni bien estemos autorizados”.

Fuente: TyN Magazine