Por Luis Galeazzi *

Si queremos que la Economía del Conocimiento realmente sea un motor que produzca efectos inmediatos en nuestra economía debemos crear una normativa eficiente y hacer que sus efectos sean rápidos.

En estos momentos vivimos el choque de dos fuerzas poderosas: un acelerado cambio de hábitos sociales producto de las condiciones que ha impuesto en nuestra vida cotidiana la emergencia sanitaria, y una violenta recesión económica que nos obliga a un profundo rediseño de nuestra matriz productiva.

La sociedad post-pandemia será más digitalizada y dependiente de la tecnología que antes, y las industrias del conocimiento serán, en Argentina y en el mundo, las actividades estratégicas que harán posible reinventarse en este nuevo paradigma.

Son varios los cambios sociales y económicos que llegaron para quedarse: el teletrabajo, la educación a distancia, la telemedicina, el comercio electrónico, el uso de dinero digital y la logística “puerta a puerta”, el uso intensivo de Big Data para el análisis de comportamientos sociales, flujos de transporte y tendencias comerciales; el gobierno digital; la digitalización de los procesos judiciales y de registros públicos y procedimientos notariales; la proliferación de los medios digitales en las industrias creativas y vida cultural; la productividad que la robótica, la internet de la cosas –IoT- y los recursos digitales y de comunicación agregan en los procesos productivos y las cadenas de valor de todas las industrias; entre tantas, transformaciones que nos obligan a reacomodarnos.

Estos efectos no deben ser vistos como hechos aislados sino como el producto de un aprendizaje social sobre nuevas formas de vida comunitaria, educativa, laboral, comercial, etc. que tendrán un impacto sinérgico y profundo en nuestras relaciones.

Los cambios sobre el tejido productivo son vertiginosos y afectan el empleo de miles de trabajadores. Pero la buena noticia es que Argentina cuenta con capacidades para salir adelante. Una de esas capacidades es la Economía del Conocimiento (EdC), que reúne una serie de condiciones favorables:

Tiene una fuerte implantación federal y ha demostrado una notable resiliencia frente a las condiciones muchas veces hostiles e inestables de nuestra macroeconomía.

Exporta u$s6.000 millones por año y ocupa el 8% del empleo formal del país, y un altísimo número de empleo freelance.

Tiene capacidad elástica para aumentar su producción y activar el mercado laboral, creando empleo de alta calidad y buen nivel salarial.

Agrega valor no solo por la producción y empleo que generan las industrias del conocimiento por sí mismas, sino por su efecto transversal en la productividad de toda la economía.

Tiene muy rápida capacidad de respuesta, ya que sus actividades no dependen de grandes inversiones para establecerse y desplegarse en los grandes centros urbanos de todo el país.

Es un rubro en clara expansión en la economía global, tendencia que seguramente se acelerará post-pandemia.

Sin embargo, y a pesar de los atributos positivos de nuestras empresas, en el contexto mundial la Argentina crece mucho menos que las naciones referentes de la economía del conocimiento. En la última década nuestro crecimiento fue cuatro veces menor que el promedio mundial y ocho veces menor que algunos de los países líderes. Si tan solo nuestras exportaciones hubieran ido al ritmo del mundo durante ese período se hubieran creado 100 mil nuevos empleos y se hubieran exportado u$s4.000 millones más por año.

Tenemos que recuperar el ritmo de crecimiento perdido. Tal es el desafío que no alcanza sólo con los esfuerzos del sector empresarial. Los países referentes han fortalecido el impulso privado con políticas públicas sectoriales orientadas a crear condiciones competitivas diferenciales en los aspectos impositivos, previsionales, logísticos, financieros, laborales y educacionales. De tal forma, países que hace pocos años no podían competir con nuestra oferta exportadora hoy lo hacen con mucha efectividad. Y esta competencia no es distante, ocurre en nuestra propia subregión.

Si queremos que la Economía del Conocimiento realmente sea un motor que produzca efectos inmediatos en nuestra economía debemos crear una normativa eficiente y hacer que sus efectos sean rápidos. En este sentido, la reciente suspensión de la Ley 27.506 de Economía del Conocimiento detuvo el desarrollo de proyectos de crecimiento concebidos bajo su marco normativo, y esfumó el salto productivo que se avizoró a fin del año pasado.

No solo debemos tener una Ley para el mediano plazo, sino que su diseño debe producir efectos a partir de este mismo año si queremos salir rápidamente de la recesión. Su alcance debe permitir a las empresas del sistema informático retomar los beneficios de la ley 25.922 de Promoción de Software, que venció el año pasado, y a su vez, facilitar que cientos de empresas del conocimiento puedan sumarse al régimen promocional lo más rápido posible.

La Argentina demanda soluciones urgentes para resolver su coyuntura. De poco sirve una ley perfecta que sus resultados sean tangibles en 5 ó 10 años. Es indispensable que la actual reforma que debate el Congreso disponga un régimen transitorio por el período que dure la emergencia sanitaria, que libere a las empresas del cumplimiento inmediato de algunos requisitos que impone la ley, como el de capacitar masivamente al personal o el de implantar nuevos sistemas de calidad, tareas que son impracticables en las condiciones anormales en que se desenvuelve la actividad laboral en estos meses.

De esta manera, las industrias del conocimiento podrán volcar toda su capacidad a la generación de nuevos proyectos y empleos, creando en simultáneo fuentes de ingresos fiscales genuinos a través de un mayor nivel de producción y exportaciones.

Una nueva matriz productiva nacional no solo es posible, sino indispensable. El resultado de ella será cosechado por miles de argentinos que podrán mantener su empleo en esta coyuntura, y por los millones de jóvenes que ingresarán al mercado de trabajo en esta década que se inicia.

(*) Director Ejecutivo de Argecon.

Fuente: Ambito