Por SANTIAGO ENEAS CASANELLO

“No está sucediendo ninguna transformación digital, trabajar remoto o vender por Whatsapp no es una transformación digital”, reflexiona con franqueza y saliéndose del cliché, Mariano Wechsler, fundador de la empresa de software DigBang, y co-fundador y director académico de Digital House. 

Mariano, técnico en computación y apasionado por la educación (“que es sobre todo acompañar”), se define como un nerd porque se obsesionó por la informática desde muy chico.

Mariano, si tuvieras que describir tus emociones en términos personales, no puramente como un emprendedor – desde que empezó esta montaña rusa de cambios y desafíos urgentes desde mediados de marzo hasta hoy. ¿Qué nos podés contar?

Estamos encerrados. Es una cosa insólita lo que nos está pasando. De alguna manera fui llevando una bitácora del encierro donde me di cuenta que hay una relación entre los días de lluvia y el bajón. Me parece bien que nos cuidemos y que podamos vivir como sociedad un poco más en el matiz y el gris, y no tanto en el blanco o negro. Creo, también, que es una etapa de respetar mucho lo que sienten las otras personas. Podemos decir ¡es un momento de oportunidades! Se te deberían ocurrir mil negocios espectaculares basados en la pandemia y las restricciones actuales, pero creo que cada uno tiene que transitar esta etapa como mejor pueda. Hay que intentar pasarla. Si te aparece una oportunidad, genial. Pero si no te aparece está todo bien. Yo tengo días que me siento bárbaro y días que son un bajón.

¿Cómo los afectó en DigBang y en Digital House el nuevo contexto? ¿Cómo lo afrontaron y cómo encontraron un nuevo equilibrio?

En términos de Digbang el efecto es poco y la demanda se disparó, hay un montón, porque en este tiempo una de las pocas maneras que tenés para vincularte con el mercado es mediante la tecnología. Como equipo, pasamos a ser remotos ciento por ciento. Lo cual implica que no vamos a volver más a ir a la oficina cinco veces por semana. No hay modo. Aunque sigamos creyendo que parte del buen espíritu de laburo tiene que ver con encontrarse cada tanto en algún lugar físico. Respecto a Digital House, le dábamos mucha importancia al aula y estas semanas tuvimos que reemplazarla con “lo online”, pero conservando el principio de acompañar a los alumnos en la su educación. Educar no es como un delivery de comida, que le entregás algo a la gente y punto. En la verdadera educación hay que acompañar a la gente y para nosotros esto es muy importante mantenerlo, aunque estemos en modo distante. Hoy hacemos todo remoto, pero hay vivos con los profesores y se sigue acompañando mucho a los alumnos.

«Yo pienso que no se produjo ninguna transformación digital. Eso es mentira. Trabajar remoto y vender por Whatsapp o por e-commerce, no es ninguna transformación. Lo que sí veo muy de la cultura digital en estos momentos es que todos estamos aprendiendo. La transformación digital no es tecnológica: es cultural…»

Aún nadie sabe en que mundo vamos a terminar después de esta experiencia, pero vos ya decís, por ejemplo que no volvés a la oficina clásica de cinco veces por semana. ¿Qué cambios considerás que sí se van a quedar pos confinamiento y pos epidemia?

Creo que van a ser cambios menos radicales de los que en principio parecían. Tal vez en una oficina no te sirvas de la misma jarra de café. Esta situación de la epidemia en algún momento estoy seguro que se va a resolver. Pero creo que acuñamos demasiado rápido la expresión “la nueva normalidad”. Muchas cosas van a volver a la vieja normalidad. Lo que pasa es que hay gente que tiene que escribir informes y venderlos, y les sirve hablar con esa expresión de la nueva normalidad y términos por el estilo.

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Claro, es como cuando uno termina con una pareja y se apura a pensar que ya está en la nueva situación para siempre, pero para entender bien todo – qué querés dejar en serio o qué querés que vuelva – deben pasar como mínimo algunos meses. Hay que darse el tiempo de extrañar lo pasado.

(risas) Puede ser. Yo creo que hay una generación entera que vivió en la tierra muy bien. No tuvimos guerras ni pandemias. Sí tuvimos una dictadura, pero yo era muy chico. Esta generación que no vivió tantas cosas dramáticas creo que ahora se da cuenta que las cosas pueden suceder, y pueden volver encima a ocurrir. Que nada es tan estable. Algunos cambios de hábito seguro va a haber, pero no van a ser tan profundos como se plantea en el debate superficial.

La transformación digital “sí o sí” se convirtió en un latiguillo estas semanas en el mundo emprendedor. ¿Sentís que la visión de Digital House, que hace tiempo viene haciendo hincapie en la necesidad de formarse para el mundo digital, ahora se aceleró y ese futuro está entre nosotros?

Yo pienso que no se produjo ninguna transformación digital. Eso es mentira. Trabajar remoto y vender por Whatsapp o por e-commerce, no es ninguna transformación. Lo que sí veo muy de la cultura digital en estos momentos es que todos estamos aprendiendo. La transformación digital no es tecnológica: es cultural. Cuando observás a las grandes compañías digitales por dentro, lo más admirable que tienen no son sus valuaciones sino cómo trabajan, cómo toman decisiones, y la forma en que sus equipos aprenden a equivocarse. Experimentar es equivocarse que a su vez es aprender en serio. Y algo interesante que sucede es que todos estamos aprendiendo. No importa en qué situación o rubro estés: todos estamos aprendiendo.

¿Y vos Mariano qué venís aprendiendo?

Desde hacer cosas que nunca había hecho, como organizarse para darle clases a chicos, que fue como nos organizamos los padres en mi caso porque en los colegios hay un lío gigantesco hasta aprender a decir no sé y aún así seguir para adelante, creando cosas. Algo fundamental es que no cambiás tu forma de pensar por una pandemia. Hay que mantenerse leales a lo que pensamos. Si a una empresa no le va mal, no debería recibir subsidios. 

¿Les está pasando que aparecen nuevos clientes interesados en tecnología que antes no tenían el clásico perfil de lo digital?

Sí, todo el tiempo. Y ahora mucho más. Hoy, por ejemplo, no concebís a un restaurante que no esté buscando vender por Internet. Puede que incorporen cambios que no les resulten. Pero todo es un pasito. Pensar digitalmente es probar cosas pequeñas, ver si funcionan con un grupo chiquito y empezar a medir. Tomar conciencia de la importancia de un dato. Y de la centralidad del usuario. Cuando me preguntan ¿qué es la transformación digital? Yo respondo rápido: customer centricity (el cliente en el centro) más datos. La tecnología no es más que una herramienta para que los usuarios sean felices y consuman tu producto.

«Mujeres programadoras faltan un montón. Tenemos que convencer a muchas más que vengan a programar. Porque es una profesión espectacular y porque no hay ningún motivo para que no se animen. Como emprendedores digitales, faltan muchas cosas. Tenemos que pensar más como nos asociamos, cómo comunicamos, falta muchísimo. Tenemos que distribuir la energía diaria de otra manera…»

En cuanto al perfil del emprendedor digital ¿Creés que se está abriendo y volviendo más diverso?

Sí, pero de a poco. Mujeres programadoras faltan un montón. Tenemos que convencer a muchas más que vengan a programar. Porque es una profesión espectacular y porque no hay ningún motivo para que no se animen. Como emprendedores digitales, faltan muchas cosas. Tenemos que pensar más como nos asociamos, cómo comunicamos, falta muchísimo. Tenemos que distribuir la energía diaria de otra manera.

¿Por qué creés que todavía pocas mujeres se vuelcan a la programación y al emprendedurismo digital?

La programación, en sus inicios, era muy de la mujer. El hardware, los fierros, eran más del hombre. Como un taller mecánico. Pero programar lo hacían las mujeres. Hay una imagen muy de hombre que son los garages, donde nace el fenómeno de Silicon Valley. Ahí hubo y hay un sesgo que hay que seguir laburándolo. Además va a estar buenísimo que en la industria haya más representación del género femenino porque tienen otra mirada.

En cuanto a los programadores argentinos, las nuevas camadas incluso ¿qué les falta no desde lo técnico sino desde la actitud?

Hay una realidad y es que el mercado está muy caliente. Pero creo que a veces falta un poco más de coherencia en la mirada a largo plazo. Las nuevas generaciones tienen vínculos mucho más laxos con las empresas. Pero es un error que salten de un lado a otro por un porcentaje de sueldo. En parte tiene que ver con la imagen que hay de los empresarios en el país, que es mala o negativa. Aunque generen empleo. Yo cuando daba clases en la ORT, les decía a mis alumnos que en una clase eran treinta, con que dos de ustedes emprendan y le den trabajo cada uno a quince personas, en esta clase ya no habría nadie desocupado. Una vez más, creo que como país hay que ir más al gris, a los matices, y no comportarnos de forma “no buena” cuando crece la oferta o la demanda. A largo plazo, para emprender, haber construido redes es fundamental. Y tienen que estar basadas en la confianza. Si te comportás como la gente, a largo plazo eso te va a generar un valor infinito. En términos de oportunidades te va a ayudar cuando estés en momentos problemáticos. Y te va a ir bárbaro cuando mucha gente se quiera asociar con vos. Armar una red es fundamental.

Más la buena reputación.

¡Sí, claro! La industria tecnológica en Argentina tiene gran impacto pero no deja de ser chica. La estrategia de Digbang es: que nos referencien y punto. Si no hacemos bien las cosas, es como romper la rama de un árbol, de la que no cuelgan solo hojas, sino un montón de otras ramas que iban a nacer.